Orden de Operaciones
Copia facsimilar de lo que podemos llamar Orden de Operaciones, la cual fue entregada por el dictador Nicolás de Piérola al capitán de navío Manuel Villavisencio, comandante de la corbeta Unión.
El arco de tiempo que nos separa de aquella fecha con el día de hoy, reafirma no sólo que los marinos peruanos sabemos honrar a las grandes figuras que nos antecedieron.
siendo requerido para entrar en el contexto histórico, creo por conveniente traer a este simbólico acto el sesudo análisis que el distinguido señor Contralmirante Francisco Yábar Acuña, serio y completo historiador naval nuestro, escribió refiriéndose a aquella época.
Abro comillas:
“Piérola, en su intento por organizar de mejor manera las fuerzas militares, dispuso la formación del Segundo Ejército del Sur con las tropas de nuevos reclutas estacionadas en Arequipa y Moquegua, sustrayéndolas del mando del contralmirante Lizardo Montero, a quien se le dejó a cargo de las fuerzas de Tacna y Arica, fuerzas que conformaban ahora el Primer Ejército del Sur. Nuestros historiadores, encabezados por Mariano Felipe Paz Soldán, el primer peruano que historió la guerra con Chile, enemigo político de Piérola y cuya monumental obra sigue hasta hoy como fuente primaria para el estudio del conflicto, coinciden en señalar que la decisión de Piérola fue del todo equivocada pues mermó la unidad de comando de las fuerzas que ya estaban organizadas y las que estaban en formación.
¿Cuáles eran las intenciones de Piérola con el Segundo Ejército del Sur? Al respecto se han tejido las más diversas teorías conspirativas, las mismas que señalan una oscura intención del dictador por deshacerse del contralmirante Montero y del Primer Ejército del Sur, abandonándolo a su suerte y sin refuerzos, consiguiendo con ello sacar del camino a uno de sus rivales más enconados. Es cierto que la pasión política del momento alimentó el enojo de los peruanos contrarios al régimen de Piérola, sobre todo a la élite civilista, y vieron en sus desaciertos estratégicos la intensión malévola de querer destruir a sus propios compatriotas, y el caso de la doble ruptura del bloqueo de Arica fue usado para desprestigiarlo. Paz Soldán, por ejemplo, no encuentra justificación para el viaje de la Unión, y de él dijo: “…que desgraciadamente no correspondía en nada ni a la magnitud del peligro, ni a las necesidades que hubiera debido satisfacer…”.
Benjamín Vicuña Mackenna, escritor y político chileno que vivió de la generosidad del Perú en uno de sus destierros, dedicó su pluma a historiar la guerra en varios libros, donde rara vez deja de insultar y vejar a los peruanos para demostrar la superioridad moral de sus compatriotas. En este caso, para asegurar que él había descubierto la verdad del viaje de la Unión y con el fin de desprestigiar a Piérola y los peruanos, escribió: “…Mas la historia, recojiendo a su vez el engaño i su falsía, hállase ya en aptitud de apreciar ese hecho naval que políticamente fué solo un disfraz…”. Y justificó su opinión diciendo: ¿A qué había ido entonces el barco peruano del Callao a Arica, arriesgando temerariamente su existencia? ¿A dejar veinte fardos de tocuyo i tres mil pares de zapatos? No, de seguro. Porque a lo que había ido el animoso comandante Villavicencio, era a engañar al Perú sobre los mentidos socorros que el dictador de Lima ofrecía al primer ejército del sur…”. Fin de la cita de Vicuña.
Cierto es que Piérola y sus allegados cometieron múltiples desaciertos estratégicos, pero no se les puede enrostrar la intención de querer destruir un Ejército completo para satisfacer su apetito político. Los responsables de la conducción de la guerra, Piérola, Miguel Iglesias y Manuel Villar, no fueron traidores, la verdad es otra. El gobierno de Piérola planeó formar el Segundo Ejército del Sur en Arequipa para -una vez listo- marchar en apoyo del Primer Ejército del Sur. Para formar el nuevo Ejército se reclutaron hombres en Cuzco y Puno, la gran mayoría sin experiencia militar alguna por lo que había que entrenarlo sin demora. Pero, además, no existía armamento, por lo que también era necesario enviar uniformes, calzado, fusiles, ametralladoras y cañones, así como dotar al nuevo Ejército con un cuerpo de oficiales que lo comande. Este Ejército, una vez armado, debía marchar en apoyo del Primer Ejército del Sur.
El día programado para el zarpe el transporte Oroya no pudo poner en cubierta a la torpedera Alianza por lo que el entonces se ordenó trasbordar su carga a la corbeta Unión. Las instrucciones entregadas a Villavisencio eran navegar hasta Arica y desembarcar la torpedera Alianza para después proseguir al sur, hostilizando los puertos peruanos ocupados por el enemigo, el litoral boliviano y las costas de Chile, haciendo “…todos los daños posibles, destruyendo los transportes y buques chilenos mercantes, las lanchas y embarcaciones menores y disparando con granadas sobre los establecimientos públicos y depósitos de agua…”. Lo interesante de las instrucciones es que, además, indicaban el objetivo estratégico: “…el objetivo primordial de esta expedición es perturbar al enemigo en sus actuales operaciones, llamándole la atención sobre la presencia de nuestros buques en la costa Sur a fin de proceder en consecuencia…”. Se trataba, entonces, de una expedición que distraería a la flota chilena para con ello demorar las operaciones militares sobre el Primer Ejército del Sur, dando tiempo para completar el alistamiento del Segundo Ejército del Sur que se formaba en Arequipa.
La Unión cumplió la primera parte de su misión ejemplarmente y puede tratarse sin duda alguna de una de las mejores operaciones navales de nuestra historia. Lamentablemente las averías sufridas en el sistema de vapor no permitieron a la corbeta continuar operando en el sur.
